Entretenimiento

Mariam Habach a PANORAMA: Cuento con bendición de la Chinita para traerme corona del Miss Universo

mariam-portada.jpg_1015202101

Una mujer de fe. Mariana 100%. Creyente y sobretodo convincente. Mariam Habach es la mezcla de muchas reinas juntas. No se queda sin respuestas y cada palabra que sale de su boca está casi dibujada. Sonríe cuando es propicio.

Tiene carácter felino sin sacar las garras y no te quita los ojos de encima, especialmente cuando comienza el diálogo a pleno mediodía, con el sol picante.

Suenan las campanas y se persigna: “Ya San Antonio, el patrono del Tocuyo, de donde vengo, me dio toda la paciencia, la tranquilidad y esperanza para ganar el Miss Venezuela. Ahora cuento con la bendición de La Chinita para traerme la octava corona del Miss Universo. Le dije que me iluminara para sentirme segura”.

No niega la presión que genera llevar la banda del tricolor nacional en el certamen internacional. Quizás por eso aprovechó un instante, a solas, frente a la escultura de La Piedad y a puertas cerradas soltó una lágrimas con la mano puesta en la rodilla de Cristo.

“Dios mío tienes que ganar…”, escucha cada día desde hace un año y medio que lleva de preparación con el equipo del Zar de la belleza, Osmel Sousa.

“A Osmel le he dicho que hasta el último segundo daré lo mejor de mí… Yo me siento lista. Lo irónico es que la gente solo ve y juzga todo el trabajo por lo que ocurre en dos horas de transmisión del concurso”.

Ella también tiene claro que no podrá devolver el tiempo si no logra el triunfo, entonces tendrá que recuperar otros aspectos de su cotidianidad porque su vida, hasta ahora, ha estado detenida en un solo propósito.

En su inventario personal cuenta que en un año y ocho meses cuando entró en el mundo de la belleza “me distancié de mi familia, quedé en el sexto semestre de odontología, y otras cosas más que ahora no lo noto… Sin embargo, me estoy vacilando el presente…”.

De la chica del vestido blanco con el que se coronó como la mujer más bella del país hasta hoy, considera que la transformación ha sido enorme, y no por las cirugías (que las hay), sino porque se encuentra más versátil… Le ha puesto la cara a las marcas más importante de Venezuela y ha sabido ponderar su imagen en el mercado. “No puedo ser una loca meneando el cuerpo en traje de gala… Ni comercialmente hacer un disparates con los productos…”.

Mariam escapa de las comparaciones, se pone la mano sobre la frente para cubrirse del inclemente sol y soltar que no se identifica con ninguna de sus antecesoras, “Ni con Molly (María Gabriela Isler), ni Stefanía Fernández, ni Dayana Mendoza … Tengo un poquito de cada una sí, chévere… Pero no tengo que imitar a nadie, solo ser yo, en mi autenticidad… Y lo que me diferencia es que soy muy sencilla para ser Miss Venezuela, por mí ni me maquillaría, y mira cómo voy vestida, con jean y zapatos deportivos…”.

Sin duda tiene más estampa de modelo, como le gustaba a la franquicia del Miss Universo cuando estaba dirigido por el recién electo presidente de EE. UU., Donald Trump, de quien no quiso opinar sobre la posición que él fijó sobre el tema migratorio, siendo ella hija de un inmigrante sirio y de madre italiana. “Yo no uno ni la religión, ni la política con el concurso… Yo soy miss Venezuela, en opiniones personales respeto las ideologías…. No conozco a Donald Trump… Todo el mundo tiene maneras de pensar diferentes…”.

Gira su mirada hacia el Tranvía de Maracaibo, pide agua a sus asistente y los rayos del sol acaramelizan sus ojos. ¿Después del Miss Universo, gane o no, dónde se ve?: “Me veo donde se me habrán las puertas, iré a buscar opción de trabajar, de familia y de crecimiento a donde ve lleve la vida… En el Tocuyo crecí, residencié en Barquisimeto, estudié en Valencia, vivo en Caracas, y después del Miss Universo sabe Dios dónde iré a parar”.

Panorama.